sábado 28 de noviembre de 2009

Un abstemio de dios

I
Pensándolo bien, no soy un ateo. Al menos no en el estricto sentido de la palabra. Creo en eso que, en nuestra falta de palabras y nuestra abundancia de excusas, hemos llamado dios. Creo en ese principio originador, esa presencia abrumadora, en ese concepto inconmensurable. Y es exactamente porque creo que no puedo rebajar esa idea a un simple dios rencoroso y demasiado humano, un dios que apesta a ignorancia y a intolerancia. Mi ateísmo es puramente conceptual, metafísico y ontológico. Si realmente tu dios existe, tu dios crucificado y vejado ¿por qué no cura a todos los ciegos? ¿por qué no le da de comer a todo el continente africano? ¿por qué no evita que el techo de la basílica caiga sobre los feligreses en oración? Simplemente porque somos diminutas motas de polvo en un universo convulsionado. Somos una casualidad, un organismo aleatorio inconscientes (dentro de nuestra propia consciencia) de la inconsciencia de ese ente originador y anónimo. ¿De verdad crees que hay un plan divino especialmente diseñado para ti? De acuerdo, no niego que la idea sea de lo más reconfortante pero ¿cuánta vanidad es necesaria, cuanto sentido común hay que sacrificar para creer (y creer de verdad) esa falacia?

Como dije antes, no creo que realmente sea un ateo. Mis no creencias son un acto de fe. De hecho, mi único acto de fe. Miro alrededor, miro al templo y a la iglesia, miro al pastor y al cura, miro al creyente y a su limosna. ¿De verdad es necesario todo eso? ¿Esa adoración, esos cánticos, las dosis de falsa compasión por un prójimo que nos importa una mierda? ¿El lastimero sentido de orgullo, de autosuficiencia, de sabernos protegidos y que cada uno de nuestro pasos fue premeditado por nuestro creador? En serio. ¿Es realmente necesario? ¿Sólo podemos concebir a nuestro magnífico creador como un dios justiciero, rencoroso, celoso y de baja autoestima? Dije que mis creencias son mi único acto de fe. ¿Por qué? Porque sacrifico toda esta retahíla de ideas absurdas, el falso consuelo y el egotismo enfermizo de un creyente fervoroso. Es un acto de fe por que abrazo una idea mayor, más pura y transparente; un concepto menos humano, un principio sin nombre y sin nacionalidad. Es un acto de fe porque no me martirizo con fábulas celestiales, promesas abismales de pasar un eternidad en un averno improbable. Es un acto de fe porque mi moral no se ve cuarteada por amenazas llenas de infantil retórica infernal, porque mis buenas obras no tienen recompensas ni beneficios en la estratosfera, porque en vez de la oración pasiva prefiero la voluntad sincera y sin falsos incentivos. Si, en definitiva no creo que sea ateo. Creo y creo que hay algo mas complejo, más profundo y mas racional que un dios en taparrabos o que un diablo jugando a ser el malo.

II
Recuerdo que de pequeño mi madre me hacía orar siempre. Dar las gracias por mi familia, por mi salud y por mis amigos. Recuerdo que me hacía pedirle al ángel de la guarda que no me abandonará ni de noche ni de día. Oraba todas las noches antes de acostarme y todas la mañanas antes de cepillarme. En mi cuello colgaba una medalla de la Virgen de Todos los Tormentos y una plaquita de San Expedito, el santo de las causas imposibles. ¿Sirvió de algo? La verdad, no sabría decirles. Hice la conmunión y luego la confirmación. Confesé que me masturbaba viendo pornografía, que decía mentiras y que le pegaba a mis hermanos. ¿Sirvió de algo? No. De verdad no lo creo. Recé para que no muriera mi pez, recé para no reprobar un examen. Murió mi pez y repetí ese año. No, definitivamente no sirvió de nada. Si el fin de la oración no es conseguir lo que se esta pidiendo, ¿a que jugamos entonces?

Hace unos días caminaba por el centro de mi ciudad y un mendigo con una úlcera fétida se me acerca.

-Amigo, por favor cómpreme esta estampita de San Semeolvidoelnombreenestemomento.-

-¿Que precio tiene?-.

-Puede darme lo que usted quiera. No menos de 10 bsf.- dijo el mendigo con una santa avaricia desmoronada en sus facciones.

-Si es así, entonces no es lo que yo quiera darle ¿no?-. Me atrevo a jugar un poco con él. En fin, he leído lo suficiente como para saber que sería un infiel en cualquier época que haya nacido. Jugar con un mendigo leproso no debe preocuparme.

-¡Coño! Tampoco es que me va a joder. ¿Me va a dar o no me va a dar algo? Si quiere, ni agarre la estampita. Deme lo que usted quiera.- Estaba desesperado. Yo no, el mendigo.

-Bueno, bueno. Espérame aquí que no cargo efectivo y así aprovecho de ir a sacar a un cajero.- dije en mi mejor tono de resignación. Entré al centro comercial y me metí en la primera panadería que encontré. Medio kilo de queso y medio kilo de jamón. Cuatro panes canillas y dos jugos de naranja. Salí al estacionamiento. El leproso me esperaba pacientemente recostado de una pared que hedía a orina.

-¿Qué es esto?- preguntó cuando me vio caminar hacia él con las bolsas de comida. Su mirada era una graciosa mezcla de sorpresa con un poco de estecarajomequierejoder.

-Toma esto. Si lo administras bien, comerás varias noches seguidas.- me di la espalda enseguida. No había avanzado ni cinco metros cuando el mendigo dice a mis espaldas.

-¿Y la estampita? ¿No la vas a llevar?- dijo con la voz entrecortada.

-No, gracias- dije mientras me volteaba hacia él. -Úsala para limpiarte el culo cuando no tengas con qué-. Antes de voltear y salir del estacionamiento, escuché la fuerte y profunda carcajada del leproso magnificada por el eco de un aparcamiento casi vacío.

viernes 27 de noviembre de 2009

Aquí

Pocas veces nos situamos en el ahora, en el momento presente, en el aquí que transcurre indetenible y sin clemencia. Ese momento presente que cuando somos conscientes de él, ya ha dejado de existir hace apenas segundos.

Un sonido mecánico, un jazz en el fondo, un libro de Nietzsche sobre una Biblia en la mesa de noche. El piso frío, los pies descalzos. Palabras de filósofos tatuadas en la pared, fotos de una guerra y la ventana abierta. Afuera una luna vigilante, los pasos furtivos de una fantasma y la risa de una niña interrumpida por el cornetazo de un auto. Adentro, un Corán desgastado e incrédulo y una kipá maltrecha colgada de la pared.

Un viento vestido de mar sacude un pequeño bambú, lo acaricia con lentitud, como bailando con él. A lo lejos y si permanezco en silencio, la voz del mar susurra olas impulsadas por alientos que se estrellan contra una muralla de piedra negra. Un crucifijo que roza mi pecho a pesar de mi ateísmo. La boca reseca y los dedos manchados de tinta. De nuevo las voces imperceptibles.

Un vacío perpetuo y de nuevo el silencio que lo engulle todo.

03:11

lunes 23 de noviembre de 2009

El problema de la pornografía: hay penes.

En realidad, no soy un gran fanático de la pornografía. Para otros hombres masturbarse mientras ven pornografía es toda una disciplina deportiva pero para mí es simplemente difícil. Tengo amigos que tienen en sus computadoras una pornoteca de proporciones bíblicas con actrices porno de renombre y directores de culto: un Polanski experto en escenas under 19 y un Kubrick que dirige los mejores threesomes. Para ellos ver pornografía no es solo una actividad libidinosa sino que es toda una expresión del séptimo arte. Pueden hacer comentarios completamente serios sobre los diálogos, iluminación, maquillaje y escenografía de cualquier película que le nombres. Para ellos es tan socialmente aceptable como hablar de fútbol, carros o política.
Recuerdo cuando descubrí la pornografía. Mi papá me regalo mi primera revista para mayores de 21 años cuando apenas tenía entre 11 y 12 años. Si mal no recuerdo, mi padre le dijo al kioskero (¿se le dice kioskero al dueño de un kiosko?) : "Eso es para que vaya aprendiendo sobre lo que tienen las mujeres abajo." ¡Joder! Les confieso que quedé de lo más intrigado. ¿Qué coño podría tener una mujer allá abajo? ¿Justamente ahí abajo? Luego de que sacié mi curiosidad robando furtivamente la revista que mi papá muy prudentemente -si sigues a ese ritmo se te va a gastar el güevo- había ocultado en su biblioteca, me pude jactar entre mis amigos de ser unos de los primeros en ver lo que las mujeres tienen allá abajo.

Ahora, ese primer encuentro con la pornografía fue solo parcial. En la revista solo salían mujeres desnudas o con poca ropa, con senos exuberantes y las piernas abiertas, algo softcore. Pero a medida que fui creciendo las húmedas puertas de la pornografía fueron abriéndose, literalmente. En esos días ver porno por internet era impensable -¡mierda! cuando era pequeño el internet no existía- así que solo nos quedaba el método manual y ver películas en el VHS. El método manual era el más fácil y el mas accesible: solo tenías que tener buena memoria fotográfica, un par de Playboy´s y una prolija imaginación. Eso y un poco de ocio eran más que suficientes para tomar duchas muy largas. En cambio, con el VHS entré a un mundo nuevo de pornografía. Ya no solo era la mujer que, provocadoramente, abría sus piernas y dejaba caer sus pantys. No, ahora en la escena había un hombre o varios tirándose a la mujer que chillaba como un puerco en un matadero. Ahí empezaron a surgir mis problemas con la pornografía. De acuerdo, no puedo negar que esta modalidad de pornografía tiene sus ventajas: son una fuente inagotable de educación sexual. En serio, yo solía verlas mientras tomaba notas, hacía resúmenes, esgrimía teorías y formulaba hipótesis. Es que, seamos sinceros. ¿De qué otra parte un adolescente puede recolectar sincera y franca educación sexual? ¿De sus padres? ¿De la biblioteca de su colegio? No lo creo. Pero a pesar de lo didácticas que eran, todas estás películas adolecían del mismo problema: había penes. Y cualquier escena con un pene, supera el número de penes ajenos que estoy dispuesto a ver: cero.

En un principio no le di mucha importancia. Ver películas pornográficas en ese entonces era un lujo. Además, tener un VHS en tu cuarto era así como tener hoy en día un Home Theater. Pero poco a poco me fue molestando lo del tipo en la escena. No le encontraba sentido ver a un carajo -que no eres tú- tener sexo con una exuberante pelirroja. No sé, jamás me gustó mucho esa idea de porno sin tomar en cuenta que a veces el camarógrafo enfoca el culo del tipo en vez del de la pelirroja exuberante y es un poco incómoda la situación -por no decir: completamente bizarra-. Para mí, fue una etapa muy difícil. Mientras mis amigos y hermanos mayores hablaban sobre la última película de Fulanita Totonalampiña y Menganito Bigmacana yo contemplaba las ya usadas y maltratadas revistas de mi infancia con las páginas misteriosamente adheridas unas con otras -les ha pasado también ¿verdad?-.

Luego y gracias al dios libidinoso que creó a las lesbianas, llegaron las películas girl and girl action. ¡Finalmente, el mundo del porno tomó sentido de nuevo para mí! ¿Mujeres teniendo sexo? Si, señor. Como debe ser la pornografía para hombres: solo mujeres letalmente sexy´s tocándose entre sí. ¡Nada de penes ajenos -con el mío basta- o tipos con pinta de mecánicos cachandos! ¡Nada de diálogos forzados y juegos de palabras con doble sentido -déjame revisarte la parte de atrás con mi gran herramienta-!

P.D: si eres mujer y terminaste de leer todo este post a pesar de las continuas y repetidas alusiones a: penes, masturbación, vagina, sexo, pornografía, etc. Primero: pervertidas. Segundo: ser pervertidas es bueno, no se cohíban.

viernes 20 de noviembre de 2009

Del odio hacia mis congéneres

Me considero un observador del comportamiento humano. Me fascina (de una manera totalmente morbosa) ver como las personas se comportan en lugares y situaciones específicas. En realidad, me gusta intentar entender el comportamiento de las personas, sus miedos, sufrimientos y alegrías. Puedo, por un lado, sentir sus miserias como si fueran mis miserias. Por otro lado, puedo aborrecer cualquier acto, palabra o pensamiento que produzca cualquier ser.
Un odio bruto, básico y elemental. Sin sentido y sin razón. Un espasmo de cordura en un mundo atiborrado de locos.

En fin, tengo la terrible tendencia de sentir un odio generalizado por el ser humano que no solo produce en mí un (prudente) distanciamiento social y emocional de otras personas sino a la misma vez una misantropía humanista, un afán por entender eso que tanto odio. ¿Razones? Sobran. Al parecer, el odio que inspira el prójimo no está lejos de ser una reacción normal. Un sentimiento razonable. ¿Por qué? Basta con mirar los noticieros, leer el periódico u observar a tu vecino. Tantas razones para odiar al Hombre que sería moralmente incorrecto no hacerlo.

El distanciamiento es inevitable. Esta lejanía nos da una perspectiva única que ofrece una visión mas o menos real del asunto. Lo más duro no es alejarse del género humano y pasar a ser un mero observador. Lo más difícil es volver al juego siendo consciente de lo que estás jugando, sumergirte de nuevo en toda esa miseria fétida cuando ya has probado el aire helado pero puro de la montaña. Lo realmente difícil es volver a ser el mismo cuando has mirado directamente a los ojos del abismo.

El humano es una mierda. Y punto.


martes 17 de noviembre de 2009

El Nudo

Anudaba, con acentuada lentitud, el lazo que acariciaba sus heridas. Por un momento no existió el dolor, ni la angustia; por un segundo dejó de preguntarse y se sintió como los demás, se sintió normal. Por solo un instante se sintió libre de complejos, libre de dudas y libre de juicios. Pudo respirar por primera vez sin sentir el peso agobiador del simple hecho de estar, de ser. Sintió con desconfianza como el nudo se aflojaba pero a pesar de esto, el gesto fue bienvenido.

Pero esa sensación rápidamente desapareció, las preguntas volvieron con más fuerza, la angustia lo acorraló y el dolor todo lo invadió. Las circunstancias se volvieron crudas y reclamantes, y a su pesar volvió a sentirse indispensable. Se dio cuenta que el nudo no se desataría y se marchó en paz, miserable pero en paz.

Aún así, y fuera de toda expectativa, se sintió feliz y dio gracias por ser lo que es. Se permitió esa inofensiva dosis de esperanza y optimismo sucedáneas a un disparo en la sien.

lunes 16 de noviembre de 2009

¿Hay algo más personal que un tampón? Imposible.

Me encontraba yo en mis fructíferas divagaciones durante mis ratos de ocio cuando tuve una epifanía. Un rayo de luz blanquecina me alumbró desde arriba mientras en el fondo, un coro griego entonaba "Ifigenia entre los Tauros" de Eurípedes. La respuesta a una pregunta que me siempre me pareció indescifrable, aparecía claramente delante de mí tan cerca que la sostenía en mi mano derecha: el papel higiénico. ¡Claro! ¿Cómo se me ocurrió antes?
El papel higiénico (el bizarro venezonalismo: papeltualé) es uno de los objetos de higiene más personales que se me pueda ocurrir. ¿No? ¿Dígame algo que roce -directamente- su ano al menos tres veces al día? (Homosexuales y mujeres que practiquen el deporte del sexo anal, por favor, abstenerse de responder esta pregunta). La relación que existe entre le papel higiénico y nuestro cuerpo es una de las relaciones mas estrechas y mejor llevada que he visto en toda mi vida. Podemos pasar horas en el supermercado buscado la marca ideal: un balance entre suavidad y aspereza, es decir, la textura es de suma importancia. No queremos un pedazo de casabe ni tampoco un racimo de azucenas pasando vigorosamente por nuestro ano. Por eso la textura es vital. El olor también es un asunto delicado: buscamos un equilibrio perfecto entre talco fresco y rosas silvestres. Si no sabemos como calibrar nuestro olfato a la hora de comprar el papel higiénico y cometemos el mas ligero error en nuestra elección, cada vez que nos limpiemos el culo oleremos a muchachito cagado sumergido en una piscina de popurrí y pachulí. No puedo dejar de mencionar el color. En el mercado no hay mucho que escoger, para ser sinceros. Blanco o rosado, y como todo en este país: el color del papel higiénico esta politizado. Me gustaría que variaran un poco y colocaran un paisaje, una frase célebre o Megan Fox en topless. ¿Saben? Algo bonito con que limpiarse el culo, él tiene el mínimo derecho.

Reflexionando un poco y usando Twitter con humor cogitabundo (no, "cogitabundo" no tiene ninguna connotación sexual) me atreví a lanzar mi pensamiento orgulloso del mismo. Además, lo sentencié con un genial hashtag #yotuiteomientrascago. Pero no sirvió de nada pues una mujer (@GraceKa) refutó mi tesis en cuestión de segundos:

No puedo negarlo.

jueves 12 de noviembre de 2009

La certeza de una muerte segura

Sostenía una copa de vino con sus manos manchadas de dolor. Observaba el silencio, la paz palpable en la soledad; la nostalgia se consumía sorbo a sorbo en el vino dulzón. Las habitaciones estaban desoladas pero en ese momento pudo ver la vida y todo el ruido que en ellas se escondían. Fue consciente del paso devastador del tiempo, ese tiempo constante que carcome los sueños aún por cumplirse. Por primera vez se sintió sola, por primera vez se sintió feliz capitulando el pasado, recordando aquellos momentos fugaces de vida, esas voces que jamás se callarían. Sintió como en su piel recorrían las palabras que jamás se dijeron, las caricias amargas de los amores anónimos. Un calor familiar se desparramo por su vientre, invadiendo así cada centímetro de la habitación, era la certeza de una muerte segura, anticipada, amiga.

Se acomodó a esperar que el veneno que mezcló con el vino hiciera su liberador efecto, mientras que la ponzoña de la vida se transformó en una aureola alrededor de su cabeza. Recordó aun cada muerte en cada madruga, cada lágrima y cada verso escrito. Las entrañas ardían por efecto del veneno y un olor putrefacto salía de su boca como un halo de incienso.

-Estoy muriendo- pensó con una tensa calma.

Comenzaron las convulsiones y sus pequeños ojos negros que alguna vez habían reconocido el color de un beso, se desorbitaron y parecían gritar de dolor. De su piel florecieron todos los recuerdos y con un grito sordo y una mueca de dolor en el rictus de sus labios, murió bañada en sangre y vino.

martes 10 de noviembre de 2009

Náuseas Existencialistas (II)

"Puedo ver mi transformación, mi sufrimiento y mis dudas. Puedo aún despreciarme por ser débil y por tener esperanzas. Constantemente cambio, evoluciono. Me forjo como una espada, mi refugio no es otro que la soledad. ¡Qué cruel es la esperanza y qué lúgubres son sus vestidos, qué amarga es su presencia! Veo dentro de mí y no veo otra cosas más que miedo a ser, a estar. No veo miedo al silencio eterno ni a la densa soledad, ni al ascetismo ni al indescriptible vacío. Intento reprimir mis vicios, mis defectos y mis demonios pero es como encarar una batalla que ya se sabe perdida.
Puedo, en un sólo instante, atravesar decenas de facetas, modificar mis creencias e incluso cambiar de piel. Pero ese cambio es incapaz de modificar una esencia pura, incólume, perenne e invariable: mi yo sin modificaciones, sin influencias, un niño desnudo y desprotegido contra las inclemencias del tiempo, un yo puro y cristalino. Solo logro divisarlo haciendo lo que hago, haciendo lo que no debería hacer. Lo logro ver correr entre los cuerpos sin vida, jugando entre los charcos de sangre y lo veo sonreír, si. Sonríe como yo nunca lo hice cuando fui niño, sonríe como jamás yo pudiera hacerlo. Temo asustarlo, hacer algún movimiento brusco pero él juega, va de aquí para allá sin ser perturbado. Ni la muerte o la desolación lo afectan, el silencio devastador no hace muesca alguna en su delicada piel. Temo mirarlo a los ojos y verme reflejado en él, temo tocarlo con mis manos llenas de sangre inocente y que se desvanezca en el aire como lo hace un recuerdo en el olvido. Él es un abismo, la parte más oscura de mi ser y solo ese hecho me fascina..."

P. terminó de escribir la carta. La selló y la dejó encima de uno de los cadáveres. Veía al niño jugar, cantar y danzar. Estaba lleno de sangre y parecía disfrutarlo. P. se sintió mareado y confundido. Un momento de lucidez le abrió el cráneo en dos y corrió como puedo hasta una de las ventanas de la habitación. Al abrirla, un aire helado golpeó su rostro, sus manos se aferraban con fuerza al barandal y su pulso se aceleró. Se atrevió a preguntar, a dudar. Sintió una mano muy pequeña que lo sujetaba por su brazo izquierdo. Con una ligera pero insistente fuerza hizo que P. volviera su mirada dentro de la habitación. Los cuerpos esparcidos aleatoriamente, la sangre en las paredes, el intenso olor a muerte, el silencio sepulcral. Sintió de nuevo el peso del arma en su mano derecha y un ligero apretón en su mano izquierda. Bajo su mirada y el niño le veía, le sonreía. Como orgulloso de lo que juntos habían hecho. P. se arrodilló y el niño se acercó a su oreja. Un susurro leve, una mirada desesperada, un temblor incontrolable. P. puso el revólver rápidamente en su sien y disparó. Su cuerpo cayó de bruces al suelo. Un sonido seco, muerto. De esos que producen un sobresalto repentino. El niño apartó con sus piecesitos los sesos y la materia gris que había quedado desparramaba por el piso al mejor estilo de Pollock. Se acercó a P. y lo besó en la frente mientras pronunciaba unas palabras ininteligibles:

Mi nombre es Legión por que somos muchos...
Víctor Burgos

domingo 8 de noviembre de 2009

Breve alegato contra la religión

Seré un poco más flexible de lo que suelo ser con este tema y diré desde un principio que la religión ha hecho que unas personas se comporten mejor que otras pero a la vez ha servido de excusa para que el comportamiento de otras se quede corto frente a la conducta de un genocida o el dueño de un burdel -pueden ser los dos al mismo tiempo-. No hay tema más escabroso y polémico que la religión, la fe y las creencias. ¿Quieres discutir con alguien? ¿Ofenderle? ¿Hacer que jamás vuelva a dirigirte la palabra? Dile que su dios no existe, que es una fábula hecha por y para pendejos. Verás que rápido funciona. Además, usaré ese ejemplo para señalar una de las grandes contradicciones de las personas religiosas: ellos, que alientan en público valores como la caridad, la compasión y el perdón, tienen la terrible tendencia de adoptar una línea de pensamiento intolerante, absolutista, impositivo y violento cuando ven amenazadas sus creencias o cuando simplemente no son aceptadas y, por ende, son rechazadas. Ese es el problema cuando se cree que eres el poseedor de una verdad absoluta o de una revelación divina, todo lo demás no pertenece a eso y, por ende, hay que suprimirlo. Personalmente, creo que la religión... Ya va, ya va. Antes de seguir escribiendo, de verdad quiero que quede muy claro lo que se entiende por religión: un sistema de creencias organizadas y elaboradas por el Hombre. ¿Listo? Ok.
Personalmente creo que la religión tiene cuatro principios fácilmente discutibles:
1.- Representa de manera totalmente errónea los orígenes del ser humano y del cosmos.
2.- Basada en este -gran- error inicial, consigue consolidar el máximo de servilismo con el máximo de solipsismo.
3.- Al mismo tiempo, es causa y consecuencia de una peligrosa y antinatural represión sexual.
4.- Sus bases no son más que fábulas o hechos históricamente improbables.
Como ven, son muy fáciles de refutar, sin embargo, no es del todo posible. ¿Por qué? Por que simplemente no se puede discutir con alguien que no quiere discutir. Las personas religiosas -con sus respectivas excepciones- carecen por completo de una mentalidad crítica y analítica, lo que supone una dificultad excesiva para digerir su entorno. Si alguien da todo por sentado su pensamiento se vuelve estático y finalmente se pudre, no producen ideas por que para ellos ya todo está establecido y una ineptitud casi infantil caracteriza la mayoría de sus argumentos.
Es perfectamente deducible que la religión sea una creación del ser humano, es decir, ¡contemplen los credos, enseñanzas y dichos de sus profetas! Nadie se pone de acuerdo en lo que se ha dicho ni cual ha sido el mensaje. Hay innumerables versiones de los libros sagrados y ninguno de ellos puede tomarse como una fuente histórica seria. El dogma de cualquier religión es una mezcla fétida de intereses personales, tribalismos, racismo y sectarismo -además de todas esas palabras elegantes que terminan en "ismo"- no hay una religión que no sea excluyente o que en sus antecedentes no tenga un largo y tenebroso registro de matanzas, persecuciones, atropellamientos e intolerancias. Las tres principales religiones monoteístas -islam, cristianismo y judaísmo- tienen en común las grandes listas de hechos fatales cometidos contra la Humanidad. Un daño irreparable del cual se excusan con prontitud y la mejor estilo de Poncio Pilato. La religión apesta a intervención humana por donde la huelas: tomando en cuanta todas las contradicciones en las que suele caer, todos los errores cometidos y los pocos -muy pocos- rectificados, además de nadar en un mar de incertidumbres y dudas que ellos llaman fe, la religión -con las bolas bien puestas- afirma saber la Verdad -si, con V mayúscula-. Y no solo esa Verdad si no saberlo todo: no solo que dios existe y que fue el creador, administrador y supervisor de toda la creación si no también lo que él quiere de nosotros, cuando quiere que tengamos relaciones sexuales (nuestra moral sexual) y que podemos o no comer. Para ponerlo resumido y en pocas palabras, en un mundo en el cual la libre indagación es un valor, en el cual se sabe cada vez menos de cada vez más cosas pero que todavía podemos confiar en el avance y en que posteriormente se pose una luz sobre los misterios que aun encierra celosamente nuestra existencia, una facción compuesta a la vez de otras facciones que a su vez están enfrentadas entre sí, se permite la grosería de decirnos que ya tenemos toda la información que necesitamos. Semejante ______________ (rellene con la palabra de su preferencia el espacio en blanco) debería bastar por si sola para excluir a la fe/religión del debate.
En realidad no quiero extenderme mucho pues sé lo tedioso que se hace leer algo tan extenso cuando nos estamos acostumbrando al microblogging pero, al escribir sobre en contra de la religión se me hace muy difícil detenerme.

Por otro lado, la religión a pesar de que promulga la dicha del mundo venidero pone todo su empeño por conseguir el poder en este. No solo interfiere en las vidas de los no creyentes, de los herejes o fieles de otros cultos si no que se inmiscuye en todos los asuntos laicos inclinando injustamente la balanza hacia un solo lado. Estemos claro, la religión es una negocio. No podía esperarse nada más de una mera creación humana. Es común ver sectas de un mismo credo -relativamente- luchar por el poder, tanto económico como político -pensaron que iba a decir poder espiritual ¿verdad?- y en el afán de abarcar bruscamente todo ámbito de la vida cotidiana. Somos testigos de luchas intestinas, ataques físicos y el fenómeno de la excomulgación. Los innovadores son mal visto, los reformadores son perseguidos, los liberales amenazados. Entre ellos mismos, dentro de sus mismas creencias, existe un caos y un desorden -que lleva nuestra marca certificada- que conlleva un eterno desacuerdo absurdo por cosas que ni siquiera existen son comprobables. Pero a pesar de esto, la lucha por ganar más creyentes -que se transforma rápidamente en ganar más dinero- es indetenible. Esta misma lucha se exterioriza y alcanza a otras religiones completamente distintas y continua el mismo reparto: la imposición violenta de la verdadera y única fe con el único y carnal objetivo de ganar mas fieles/dinero.

viernes 6 de noviembre de 2009

Post didáctico del viernes...


En serio, no soy muy didáctico -salvando la excepción ya mencionada- pero creo que vale la pena difundir el uso de esta nueva herramienta de Twitter -pues es groseramente buena y útil-.
Los que usamos twitter desde hace un tiempo, nos estamos dando cuenta de que se vienen dando cambios y mejoras en la página web. ¿Cómo cuáles? Los últimos han sido la traducción al español -ya el chiste de los fologüers no tiene gracia, ahora solo son los seguidores- y la incorporación de las listas. De ambos, las listas son arrechísimas excelentes por la cantidad de posibilidades que te ofrecen.

¿Que nos permiten las listas?
-Agrupar gente: por ejemplo, tienes a cierta facción de tus fologüers -nunca me acostumbraré a decir seguidores- que son... habladores de güevonadas parlanchines suntuosos y que llenan tu página principal de puros tuits pajuos superfluos, los agrupas en una lista y listo -se dieron cuenta del juego de palabras: "en una lista y listo" que ingenioso soy ¿no?-. Tendrás una lista absurda que te mantendrá distraído durante todo el día.
-Líneas de tiempo de la lista: si, esa lista de los habladres de paja proclives a las charlas fútiles, tendrá su propia timeline y podrás seguir en tiempo real su retahíla de comentarios inútiles graciosos e ingeniosos.
-Las listas pueden ser seguidas: hay listas que realmente merecen la pena ser seguidas -como en las tres en las que yo estoy @mdivagando/bloggers,@ofeliab/twitter-friends,@ChristianCai/centroblackberry, entre muchas (listas) que son muy buenas- pero como es una características que apenas hace pocos días ha visto la luz su uso no se ha regularizado y las lista que hay son muy recientes.
-Privadas o púbicas públicas: bueno, esto no creo que necesite de una explicación extensa y humorística. Es simple, puedes seguir un tema/lista pública o crear/seguir una lista que sólo vean sus miembros. Esto es muy cúl.
-Insertarlas (sin albur) en una página web/blog: las listas ya conformadas pueden insertarse en tu página web/blog a través del generador de widgets que ofrece tuitter.
El potencial de las #listas/#lists es infinito, como bien lo sabe el New Yok Times que ha sabido como explotarlas. Supongo que las herramientas y los widgets que vendrán para las mismas serán para cagarse estupendos y abrumadores. Por ahora tuitter va a buen paso y se esperan nuevas cosas muy pronto.

NOTA:
si no le gustó o le molestó el uso indiscriminado y deliberado de esto puede irse a ver si la marrana puso tranquilamente dejar su queja en los comentarios que ni siquiera lo leeré con gusto lo tomaré en cuenta. Gracias y feliz fin de semana.